Los mordiscos de los
niños no eran el menor problema de las madres durante la época de la lactancia.
Cuando dejaban el pecho hacía ya mucho tiempo que estaban preparados para
masticar.
Aquella mañana le había
oído a mi abuela otra canción de su repertorio que yo no conocía. Me gustó y me
la aprendí:
“Tan, tarantán marido
Tan, tarantán, mujer
el niño tiene un diente
que se lo ví yo ayer.
No se lo toques niño
que se le puede torcer,
luego llegará a grande
y no podrá comer”.
Sí, habían aparecido los
primeros dientecicos de Urbez. Y además sin haber empleado ningún método
mágico: simplemente con darle una tira de tocino blanco para que fuera
mordiendo día a día.
Los recursos para acelerar la dentición eran
de tres clases: Uno, el hacerles masticar o empezar a comer: sopas hervidas les
daban en Bailo. Morder una corteza de pan (Estada, Fonz, Estadilla, Olvena),
mascar goma dura (Ayera, Aniés).
Otro sistema era untarles
las encías con alguna sustancia: con miel en Vilanova; con agua de tremoncillo
en Adahuesca; con perejil en Hoz de Jaca. En Agüero se untaban las encías con
una pluma de gallina con aceite batido y agua.
Tremoncillo (Tomillo) |
El tercer método, que
básicamente era aplicar algo frío a las encías, tenía su parte mágica en cuanto
que condicionaba el objeto a frotar que variaba según los pueblos: pasarle el
dedal de coser por las encías (La Almunia de San Juan). En Colungo, según mi
informante, para que salieran los dientes se hervían unos juncos y con el agua
se lavaban las encías.
Y digo lo de la magia
porque al parecer se estilaba bastante por algunos sitios, como en la Fueva
que, la solución para que salieran pronto los dientes, consistía en colgarles
al cuello a los niños una pata de sapo.
No en toda la Fueva; por
ejemplo en Tierrantona la pata de sapo era para calmar los dolores de la
dentición. En Ontiñena, para avivar la salida de los dientes les colgaban,
también en el cuello, una lengüeta de culebra.
En el Sobrarbe, en el mes
de mayo se va al monte y se coge un lagarto, se le corta la cabeza y se pela el
lagarto. Se quita el esqueleto y lo que queda se le da al niño en caldo. A los
pocos días tiene dientes.
A juzgar por las rabietas
que el niño cogía, le debía doler bastante al salirle los dientes. Se les
aliviaba como se podía y yo no sé qué pensar del remedio que nos dieron, que
fue cazar una culebra, arrancarle la lengua y meterla en una bolseta que se le
colgó al cuello.
El remedio estaba muy
extendido: Para sacar babas y flemas a los niños que están dentando y
aliviarles el dolor, en Ribagorza y Sobrarbe ponen una lengua de culebra,
fresca o seca, en una bolsita que cuelgan del cuello del niño. El amuleto sirve
para distintos niños y, una vez usada, se guarda para otra ocasión.
En la Litera hay alguna
variante: Para evitar el dolor al salirles los dientes a los niños: el padre
debe coger una culebra, arrancarle la lengua y soltar la culebra otra vez y la
lengua se envuelve en un paño que, con una imperdible, se colocará en alguna
prenda del niño.
No siempre estas bolsitas
contienen remedios para la dentadura. Una mujer de Chalamera me informaba: Un
día vi a una pequeña con una bolsita colgada al cuello y al preguntar el
significado me explicó la madre que llevaba dentro de la bolsita dientes de
erizo para evitar los celos frecuentes en algunos niños cuando les llega un
hermanito que no desean. Lo preparan echando al erizo vivo en agua hirviendo y
una vez cocido le quitan los dientes para meterlos en la bolsa.
Lo cierto es que el dolor
se le pasó, tal vez porque se le tenía que pasar.
Para evitar el dolor de muelas o dientes, hay
un remedio utilizado en la Litera: “Se rompe una botella de champán y la parte
baja de la redoma, tras calentarla, se coloca en un plato de vino; bebiendo de
él, las caries no producen dolor ni molestias".
En Calasanz para lo
mismo: aplican “hierba loca” con vapor, lo que parece tener fundamento en las
propiedades alcaloides de la hierba loca.
Hierba loca |
Y ya que estamos hablando
de dientes y muelas y aunque sea adelantarme cuatro o cinco años en la
historia, no estará demasiado fuera de lugar el decir algo sobre los dientes de
leche que se caían.
Escribo "que se
caían", porque bajo ningún concepto se debían arrancar.
Sin embargo en Buera me
aseguraron que cuando los dientes de leche se empiezan a mover hay que
arrancarlos para que los otros salgan rectos.
Existía el dicho -y creo
que todavía se utiliza con los niños-, de que al que mentía se le caían los
dientes, aunque al niño mentiroso se le notaba más que lo era porque se le
hacían unas pecas blancas en las uñas. Recuerdo que a veces te cogían los
mayores las manos y te decían que te iban a contar las mentiras.
Probablemente la medicina
tendrá alguna explicación para estas manchitas que desde luego parece que solo
se daban en la infancia.
Pero… con los dientes de
leche que se caían… ¿Qué se hacía?
Lo dejaremos para otro
rato…
Gracias por contarnos lo verdaderamente importante. Precioso, necesario y entrañables
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