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domingo, 4 de marzo de 2012

La cincomarzada

Vamos a tratar de contar un relato histórico salpicado de escenarios perfectamente reconocibles por los zaragozanos que nos va a llevar a recordar un acontecimiento acaecido en la capital aragonesa en el siglo XIX: La Cincomarzada.
Hoy, muchos disfrutan de esta jornada como un día de asueto sin más; otros la aprovechan para acercarse al Parque de Oriente con pancarta y caldereta, y no sé si habrá alguno, la viven rememorando los hechos que sucedieron en Zaragoza el ya lejano 5 de marzo de 1838.
Antes de acudir al relato de lo que se sabe de cierto de aquel 5 de marzo e indagar en lo que queda visible y visitable en la capital aragonesa, conviene hacer una reconstrucción, que aunque breve nos sitúe en el lugar de los hechos, en aquella Zaragoza de la que hoy tan pocas cosas quedan en pie.
La primera guerra carlista, es el momento histórico en el que nos situamos, una larga guerra civil comenzó a la muerte de Femando VII en 1833, y cuyo detonante: fue la lucha sucesoria entre los defensores de los derechos de doña Isabel hija del monarca fallecido, y los de don Carlos, su hermano.
Sin embargo, fueron sobre todo razones económicas, sociales y religiosas las que decantaron el alineamiento de los españoles en uno u otro bando. “Los cambios que el programa liberal planteaba para la sociedad (desamortización, exclaustración, disolución gremial.), perjudicaban a unos determinados sectores: Iglesia, artesanado y sectores importantes del campesinado, en la misma medida que beneficiaban a la burguesía”.
La frontera entre liberales y carlistas, entre los que apoyaban a doña Isabel y a don Carlos, estaba perfectamente trazada y el conflicto servido.
En el relato histórico que nos ha de llevar al 5 de marzo de 1838 se producen varias fases de la guerra. Una primera, de 1833 a 1835, en que las sublevaciones carlistas en Aragón fueron abortadas con cierta facilidad, mientras que en los dos años siguientes el carlismo experimentó en Aragón un notable auge. En este periodo, en concreto, los carlistas mantuvieron de forma permanente el control sobre un pequeño territorio en la zona del Maestrazgo, y es en esta época en la que emerge con fuerza la figura del general Cabrera, jefe del Ejército carlista en Aragón.
Puerta del Carmen
Entre 1838 y 1839, coincidiendo con la pérdida de fuerza del carlismo en el norte, se produce la fase de mayor auge en Aragón. El general Cabrera conquistó Morella, a donde se trasladó la capital carlista, y enclaves como Alcalá de la Selva, Castellote, Rubielos y posteriormente, Calatayud, quedaron bajo su mando.
Pero, ¿qué sucedió en Zaragoza durante los siete años que duró la guerra? La vida en la capital aragonesa fue “más bien dura y agitada”. Basta un dato para certificar las dificultades que tuvieron que sortear nuestros paisanos: En 1834 una epidemia de cólera asoló la ciudad y causó, según el Diario de Zaragoza, un total de 1.258 muertos entre una población de 44.488 habitantes. Además, los gastos ocasionados directa o indirectamente por la guerra hicieron mucha mella en una ciudad que asolada durante la Guerra de la Independencia, seguía sin acometer las obras de restauración de la misma.
Mucho más se podría decir sobre cómo se vivió en Zaragoza la tensión entre liberales y carlistas durante todo el conflicto, pero nos centraremos aquel 5 de marzo de 1838.
¿Cómo pudieron llegar hasta Zaragoza tres mil carlistas sin conocimiento de las autoridades de una ciudad en plena guerra y cómo los carlistas, que podían haber intentado tomar Zaragoza con fuerzas muy superiores, tan sólo enviaron tres mil hombres?
Parece que el general Cabrera no estaba muy de acuerdo con la ocupación de Zaragoza y que ésta fue una decisión más del propio Cabañero cuyas intenciones, en teoría, no debían ser las de ocupar Zaragoza, sino las de apoyar una sublevación que debería haberse producido dentro de la ciudad, pero que finalmente no se llevó a cabo.
En cualquier caso, Cabañero con tres mil infantes y 250 caballos se dirigieron el día 3 de marzo a Ariño, de cuyo punto subieron a las dos de la madrugada del 4, pasando por Belchite, donde descansaron una hora, llegando al sitio llamado Paso del Ganado entre siete y ocho de la noche; en cuyo paraje aguardaba uno de sus agentes de esta ciudad (Zaragoza) con quien rompieron la marcha camino de La Cartuja, cruzando entre los olivares (actual paseo de las Damas).
Antigua entrada a Plaza de la Magdalena
Las tropas carlistas encontraron las escalas para el asalto y una vez cogidas éstas pasaron el puente del Huerva y se dirigieron a la Puerta del Carmen, donde asaltó la muralla con el objetivo de abrir la puerta, lo cual conseguido y prisioneros los nacionales que la guardaban, se introdujeron, dirigiéndose un batallón a la parroquia de San Pablo y plaza del Mercado. Los otros dos batallones y compañías de guías marcharon por la calle Santa Inés a apoderarse de la Puerta de Santa Engracia, continuando su marcha por el paseo de San Francisco (Independencia) a la plaza de la Constitución (España), donde situaron un batallón, distribuyendo el resto de la fuerza por el Arco de Cinegio, calles de San Gil, y por el Coso hasta la plaza de la Magdalena. El silencio y el orden coronaron esta empresa, y los vivas a Cabañero y Carlos V, los toques de diana y generala alarmaron a la población que, ajena a un suceso de esta especie, reposaba tranquilamente.
Los zaragozanos al darse cuenta de lo que sucedía, desde las ventanas y balcones arrojaron aceite y agua hirviendo, guijarros y otros efectos que causaron grave daño a los carlistas, que castigados en todos los sentidos salieron unos por la Puerta de Santa Engracia, refugiándose otros en la iglesia de San Pablo, donde al final se rindieron al ver que no eran socorridos. Éstas y otras persecuciones se sucedieron por el puente del Huerva hasta el camino de Torrero con un saldo final de 218 carlistas muertos y numerosos prisioneros. La guarnición, por su parte, perdió 104 hombres entre muertos, heridos y prisioneros.
Pero además de todos los escenarios en los que se desarrolló la incursión carlista, muy poco reconocibles la mayoría en la actualidad: ¿Qué más ha quedado para la posteridad de todo lo acontecido aquel 5 de marzo?
El día 9 de marzo, el subsecretario de Guerra, en nombre de la Reina Doña Isabel II, decretó lo siguiente: “La Ciudad de Zaragoza añadirá desde hoy a sus gloriosos títulos el de siempre heroica y adornará el escudo de sus armas con una orla de laurel”.
El nombre de una calle cuya denominación, por supuesto, es la de Cinco de Marzo, es otra de las realidades palpables. Sin embargo, no siempre fue así. La historia de esta calle es muy peculiar, ya que según las distintas épocas y momentos históricos vividos en España en los últimos 150 años, ha ido cambiando de nombre. También se llamó calle de Isabel II y a partir de 1939 pasó a denominarse Requeté Aragonés. Hasta que con la llegada de la democracia recuperó el nombre de Cinco de Marzo.


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