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lunes, 10 de agosto de 2015

San Lorenzo y Loreto

Mi buena amiga Ruht Naval, me pide que comente algo de san Lorenzo, ya que
hoy, se celebra su fiesta en Huesca. Muy laurentina ella… y guapa.
Por eso quiero hablaros de Lorenzo que todo el mundo parece creer que es nacido en Huesca, cuando su procedencia si es muy cercana. Y tengo que centrarme en Loreto para aclarar ideas, siempre desde mi punto de vista. Yo no soy historiador y seguro que alguno me pondrá como desee y hará bien.
Pero os cuento:
 Un buen amigo, después de una de mis charlas, me llamaba el día de la patrona de la aviación, la virgen de Loreto. Parecía un tantico celoso porque nada había dicho sobre la de Loreto de Huesca. Hoy me apresuro a complacerle. Y conste que no siempre soy yo el responsable de lo que digo. Me acuerdo ahora de una anécdota sucedida en el Parlamento en tiempos de Isabel II. Vázquez de Mella pronunció nada menos que estas palabras, intencionadísimas:
-Desgraciados los pueblos que para su condenación se hallan gobernados por mujeres y niños.
Sagasta, entonces presidente, le interrumpió:
-¿Se hace su señoría responsable de estas palabras?
A lo que Vázquez Mella replicó:             
-Señor presidente, el responsable de estas palabras es el profeta Isaías, que las pronunció.
Y empiezo con mi aclaración: la advocación de Loreto nada tiene que ver con nuestra oscense Virgen de Loreto. Sí, ya sé que en la iglesia, entrando a mano derecha, está la Virgen de Loreto italiana con su casita y todo, que, por cierto, traen los ángeles navegando por el mar y no volando por el aire como cuenta la leyenda, y por eso es la patrona de los aviadores. Eso no significa nada: sencillamente, que la leyenda llegó también a Huesca hacia el siglo XIV o XV, que es cuando se divulga por todo el mundo, aunque sitúa la traslación a finales del siglo XIII.
Pero, para entonces, ya llevaba existiendo mucho tiempo nuestro Loreto, muy anterior al italiano. Ciento veinte años antes de ese hecho ya podíamos leer en dos bulas pontificias, de Alejandro III la una y de Clemente III la otra, en las que se nombra a la iglesia “de Loret”, dependiente del abad de Montearagón.
La tradición, sin embargo, es mucho más antigua y viene rebotando ya desde el siglo III, que fija nuestro Loreto como la cuna de San Lorenzo. Si vais al santuario por el camino viejo, a mitad de recorrido, allí junto a la Torre Farina, veréis el memorial que nos recuerda que en ese paraje Santa Paciencia esperaba a sus hijos Orencio y Lorenzo cuando volvían de la escuela. La gente solía parar allí para echar una piedra en homenaje y rezar un avemaría.
Loreto, pues, sobre todo está vinculado a una familia de santos oscenses. Cuatro nada menos: San Orencio y Santa Paciencia, los padres; San Lorenzo y San Orencio, los hijos.
Por eso precisamente se construyó allí el monasterio de los agustinos, mandado erigir por el rey Felipe II en memoria y agradecimiento de la célebre batalla y victoria de San Quintín, en la que derrotó a los franceses un 10 de agosto.
Hemos oído muchas veces que el rey quiso levantar en Huesca el fabuloso monasterio del Escorial. Y algo debe de haber de eso, pero dicen que la mala calidad de la piedra de nuestra tierra desaconsejó el proyecto para realizarlo en las estribaciones de la sierra de Guadarrama.
La primera piedra de nuestro santuario se puso el 23 de agosto de 1594, estando Felipe II en Monzón, diez años después de acabado el monasterio del Escorial. Los planos los encargó el arquitecto Jerónimo Segura Bocanegra, discípulo de Herrera, y los realizó en puro estilo herreriano.
Para la obra de nuestro Loreto, el rey ofreció su baronía de Grañén y los bienes confiscados a don Martín de Lanuza: Puibolea, la pardina de Gratal, Monte Turillos y casas de Sallent, Lanuza y Plasencia.
Durante muchos siglos, el primer día de mayo acudían a Loreto el Ayuntamiento de Huesca y el cabildo de la catedral con cruz alzada, junto con la cofradía de los Sogueros.
Por cierto, que en el año 1603 se suprimió la procesión por inconveniente del cabildo, que alegaba que el santuario estaba demasiado lejos de la catedral. Pero al año siguiente se volvió a organizar la procesión por orden del Ayuntamiento, que comunicó a la catedral que si no acudía el cabildo, el Ayuntamiento sí seguiría él solo la tradición.
Me pregunto yo, qué pinta allí la advocación italiana de la Virgen de Loreto con su casita y todo. A alguien parece que le sentó mal que Loreto sea aragonés mucho antes que italiano. ¡Qué le vamos a hacer!
¿Que luego fue más famosa la iglesia de Italia que la de Huesca?
Ya estamos acostumbrados a eso, sencillamente porque desconocemos lo nuestro o no lo valoramos. O, peor aún, lo despreciamos.
Loreto no tiene nada que ver con Italia, sino con Cuarte. Y lo voy a explicar echando mano de la tradición y la filología. Ya sé que Cuarte es latino. También en Zaragoza hay otro Cuarte; y en Valencia y otras partes. Significa, como está claro, “cuarto”. Tal vez el cuarto campamento en torno a la Osca romana. Ninguna ciudad de España, que yo sepa, tiene tan definidos sus “castra romana” como Huesca: el tercero, Tierz; el cuarto, Cuarte; el quinto, Quicena, o si queréis el Estrecho Quinto; el sexto, Sieso; el séptimo, Siétamo o Siétemo; el noveno, Nueno... Me faltan el octavo y el segundo, porque el primero estaría en la misma Osca y, tal vez, en la quinta de Sertorio, que es fácil que se encontrase junto al río Flumen, que como sabéis significa “río” en latín.
Para mí tengo que unas excavaciones en torno a la fuente de la Santeta podrían ser muy fructíferas.
Pero el octavo y el segundo... Tengo mi propia teoría sobre el segundo, que os voy a contar, al menos para que puedan divertirse los lingüistas.
Era tan intensa la convivencia de nuestros vascones con los latinos que bien pudiera ser que apareciese algún nombre híbrido, mezcla del latino y vascón. En latín “segundo” se dice “alter”. En vascón “poblado” es “erri”. Su mezcla nos daría “alter-erri” o, simplificado, “al-erri”; o sea, Alerre. Ya sé que son ganas de enredar. Pero, ¿se os ocurre algo mejor?
Estábamos con Loreto, o Laureto, junto a Cuarte o ¿Queréis más vascón? Allá va. En vascón “cuatro” se dice “lau”, o mejor, “laur”. Lauret, como aparece en las crónicas más antiguas, podría ser el cuarto. Así como Laurén o Lorén sería “el del cuarto”. ¿Y quién era el del cuarto más famoso, sino nuestro Lorenzo, que vivía precisamente en Loreto? Loreto y Lorenzo tienen la misma etimología; es claro.
Cuando nuestro santo marchó a Roma, le latinizaron el nombre en “Laurentius”, algo así como “el laureado”. ¿Por qué “laureado” antes de su martirio, que le dio el laurel de la victoria? No, no. Lorenzo no era el laureado, sino el de Cuarte.
Así nos encaja perfectamente todo. Y vamos a dejar a un lado el Loreto italiano, que llegaría mil años después de todo esto.
 


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