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martes, 2 de julio de 2013

Videntes y curanderos “¿Seres diferentes?”

No me está permitido ser muy explícito al hablar de otro curandero, J.P. nacido en Agüero hace unos ochenta años y que actualmente vive en una capital cercana. Ejerce muy poco y es muy discreto.
Lo más característico suyo es que lo cura todo y sin necesidad de visitar al paciente. Mi informante es J. T. primo del curandero y me cuenta que pasaba una temporada muy mala y le llamó por teléfono. El le dijo: “Tienes tal y tal cosa”.
Era verdad y muy complicada: había estado en el entierro de un joven. Parece que el espíritu del joven se había colocado en él porque necesitaba reposo...
Otro caso interesante: una señora, amiga de mi informante fue a verle y le contó que sufría mucho, oía ruidos, presentía espíritus, etc. El telefoneó a su primo consultándole el caso y la curó sin tener ningún contacto con ella.
Lo siento, pero no puedo dar más detalles.
 
También curandero y clarividente es Millán Sancho, que nació en Huesca hacia 1945 y vive en un pueblo de los Monegros.
Hace el diagnóstico con sólo ver al enfermo. El mismo hace las medicinas, las da y cura.
Si es algo de articulaciones aplica masajes, si es algo interno receta hierbas de las que tiene un conocimiento casi exhaustivo.
Utiliza además una especie de pases con las manos. Ha hecho curaciones muy espectaculares como a un niño con la cabeza enorme y muchos tumores al que curó en una breve temporada.
Es además clarividente y encuentra cosas perdidas. Un amigo de mi informante que había perdido la bolsa y le preguntó, le dijo que la tenía colgada en una caseta en donde había estado merendando y allí la encontró.
 
Como remedio para muchos males se ha empleado el agua de San Cosme y Damián, que otros llaman aceite. El ermitaño, hombre muy interesante y amable me dice que el aspecto oleaginoso del agua se debe a unas capas de piedra bituminosa que atraviesa el agua antes de llegar al manantial de la cueva.
San Cosme y san Damián
Y ya que hablamos del ermitaño, diremos que Antonio Bonsón no es propiamente curandero aunque conoce muy bien las plantas medicinales y ha colaborado con eminentes botánicos.
Nació en 1943 en Torrelarribera en una casa que fue beatario dependiente de Obarra. El atribuye a esa circunstancia -entre otras- su facultad de predicción. Ha presentido muchas muertes (y me contó nombres y circunstancias que no vienen al caso).
Con sus familiares que viven en Barbastro se comunica telepáticamente avisándoles cuándo va a ir a verlos. Hay un algo de magia a su alrededor cuando cuenta sus apariciones, entre ellas de un ovni con todo detalle a distancia muy pequeña aunque no vio seres vivientes: sólo el aparato. Ha leído mucho y describe los fenómenos con las palabras adecuadas. Es valiente al vivir en un paraje tan extraño y sobrecogedor que además parece ser una zona de un gran magnetismo completamente solo, sin teléfono ni otro medio de comunicación.
Pero es un hombre de fe y asegura que no vive solo ni menos desvalido. En 1985 se cayó de un tejado y se rompió la columna. Así y todo supo ir hasta el coche, subir con él por la arisca pista hasta la carretera y conducir hasta Huesca, a la Residencia de San Jorge en donde entró por su pie. A partir de ese momento quedó inmovilizado. Eso lo cuenta con sencillez y convicción para indicar que no vive tan solo. Dios y los santos Cosme y Damián a los que tiene verdadera devoción lo protegen.
No hace curaciones. Tal vez porque no se lo propone y atribuye todos los favores al agua de San Cosme. Me decía con mucha simpatía:
-“Unos me llaman el loco de San Cosme, otros el brujo de San Cosme y otros el santo de San Cosme: yo creo que debo tener un poco de cada cosa...”
 
Quiero terminar este desfile de curanderos altoaragoneses con una interesante figura que no era de Huesca, ni siquiera de España pero que hace unos años visitaba con cierta regularidad la zona entre Robres y Tardienta.
Jaime Cristian era tal vez alemán y vivía en Reus en donde enseñaba idiomas. Tenía allí un apartado de correos y cuando lo llamaban de Tardienta y otros sitios acudía a visitar si es que se le permitía de lo Alto, como escribe en varias cartas a una de mis informadoras. . .
En Tardienta solía parar en casa de Torné en donde he comprobado el afecto que le tienen y cómo lo consideran santo.
No empleaba ningún método para curar: tocaba al enfermo y rezaba.
Tenía unos 55 años cuando visitaba estos pueblos y probablemente murió hacia 1975 que es cuando se pierde su rastro.
Mis informantes de Tardienta me contaban que una vez tenían un gran disgusto porque habían perdido la escritura de la casa. Se lo dijeron por teléfono y los tranquilizó “porque estaba bien guardada en un cajón”. Luego apareció en el Ayuntamiento.
Nunca aceptaba nada. Hasta llevaba ropa sin bolsillos para que no le metiesen dinero dentro. Ayunaba mucho. Cuando curaba no tomaba nada, si acaso algo de fruta. Al principio no quería venir a Tardienta porque decía que veía mucha sangre en todo el pueblo.
Otra informante que tuvo mucho trato con él y posteriormente bastante correspondencia me contó:
- “Hace dieciocho años tuve un derrame en un ojo (el izquierdo) y del otro veía muy poco. Me visitó Barraquer y no pudo hacer nada. Tampoco en Zaragoza. El doctor M. de Zaragoza tampoco me solucionó nada y les dijo a mis hijos que iba a quedar ciega enseguida y que me dejasen hacer lo que quisiera.
“Una cuñada que tenía en Tardienta me dijo que allí iba un señor que hacía cosas extraordinarias. Era alemán, me parece. Fui a verlo. Te saludaba juntando las dos manos. No me dijo nada. Al cabo de algunos días vino a verme a Grañén. Mi hija le preguntó: - “¿Se quedará sin ver?”. El miró hacia arriba y luego contestó: - “Me dicen que no”. No quiso nada: “si aceptara algo de usted -me dijo- ya no serviría de nada lo que hago por usted”.
“Yo tengo 74 años y aún veo. Todavía me sigue cuidando porque alguna vez he tenido caídas muy duras (la última en la cocina, desde lo alto de una mesa limpiando un armario) y no me ha pasado nada”.
Era un místico por lo visto. He tenido acceso a la correspondencia con la informante y vale la pena copiar algunos fragmentos de ella. Tenía una gran fe en Jesús y en el Padre y se nota que tiene familiaridad con la Biblia. Curiosamente, también aparece algún rasgo de creencia en la reencarnación:
“Mis hermanos no me verán corporalmente... mas ¿quién puede cerrar las puertas a espíritu alguno, mucho más si pretende difundir la luz del Creador y diseminar sus granitos de Amor Eterno?- Mucho me alegro de su mejoría y busque en su interior que es en donde hallará la fe que mueve las montañas y que teniéndola todos los seres latente tantas veces nos olvidamos de esta fe y en este olvido parece como si la vida nos pesase... Pero no! - Anímese pues y tenga a cada instante su pensamiento en El, pues en El vivimos. Y por si no puede, reclame la ayuda de Jesús”. (firma ilegible).
 
Y seguiría, y seguiría contando de estos personajes…
 
El lector habrá comprobado que he tenido verdadera suerte al tratar de recopilar datos. La mayoría de las veces he recibido la información directamente del propio curandero si es que vive o de sus familiares, que sin ningún resquemor me han permitido tomar notas, en algunos casos fotografías y siempre me han tratado con afabilidad, facilitando mi tarea.
Claro que esto tiene una desventaja: me han hablado de curaciones y no de fracasos, que sin duda los habrán tenido.
Pero nunca he pretendido hacer una valoración, ni siquiera un análisis de la medicina popular: simplemente una observación de lo que creen nuestras gentes. Constatar un hecho que allí está y forma parte de nuestro modo de ser.
Ya están lejos los tiempos en que algunos médicos denunciaban al curandero considerándole la competencia en unos casos y el ataque a la salud en otros. Con frecuencia hay una auténtica colaboración, una simbiosis entre el empirismo y la práctica.
Hoy se presenta a los curanderos en entrevistas y reportajes de los medios de comunicación y ellos mismos imprimen sus tarjetas aunque a veces velen discretamente su profesión con la palabra “masajista”.
¿Por qué habrían de esconder, ni tan siquiera disimular unos conocimientos ancestrales, heredados o adquiridos si pueden ayudar a disminuir el dolor?
He comprobado que jamás se salen del campo que dominan.
Sólo en casos contadísimos actúan como profesionales.
Casi todos curan por favor a vecinos, amigos o amigos de amigos. La “voluntad” que algunos de ellos aceptan, desde luego jamás los hará ricos.
Desde aquí mi agradecimiento y admiración hacia ellos. Y ojalá estas “charlas” más o menos desordenadas iluminen un aspecto más de nuestro pueblo en cuya alma trato de bucear.


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