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miércoles, 28 de noviembre de 2012

El brujón o bruxón

Y dejamos nuestras tradiciones en la boda del viudo, y la aparición de la tronada tan inesperada dividió las opiniones en los comentarios. Y como la imaginación tiene pocas o ninguna barrera, hubo hasta quien insinuó si el tío Francho no sería bruxón.
Y me veo obligado a parar la boda del viudo, dejando a nuestras gentes, cavilando si efectivamente el tío Francho sería de verdad bruxón.
El brujón -o bruxón- es la versión masculina de la bruja. Es curioso constatar el hecho histórico de la escasez de hombres-brujos. Siempre que se habla de brujería se piensa en las mujeres y en algunos idiomas ni siquiera existe el nombre masculino.
Cuando hablas con “entendidos” entre paréntesis, su razón me deja peor que antes de preguntarles:
"Puesto que el mal es femenino, resulta del todo lógico que sus siervos sean principalmente mujeres. Esa es la razón de que haya muchas más brujas que brujos”.
Siempre escuché que hay que decir herejía de brujas y no de brujos; éstos son poca cosa.
Cuando entro a conocerlos en mi tierra, ellos te lo dejan claro: "Por un brujo, diez mil brujas… ¡Ta ixo son nuestras!”
Se han dado muchas explicaciones y tal vez ninguna convincente respecto a este hecho. La gran mayoría eran mujeres, factor que todavía hoy sigue siendo profundamente preocupante.
Piensas en las grandes cazas de brujas, y te dejan sorprendido: es precisamente el hecho de que probablemente el 85 por ciento de los acusados fueron mujeres.
Y es que la actividad sexual ocupaba lugar prominente en las creencias brujeriles. El método del diablo para recuperar adeptos era la seducción y las orgías y aquelarres periódicos la recompensa para sus fieles servicios.
El ideal femenino estaba establecido por los hombres y las mujeres, que se desviaban de este ideal trazado por los hombres, eran identificadas como brujas.
Ya he contado en más de una ocasión que dos atributos de las mujeres aumentaban la posibilidad de que fuesen sospechosas de brujería: una era la melancolía, un estado depresivo acompañado a veces de palabras oscuras o amenazadoras y una conducta extraña. El otro atributo peligroso era la soledad.
En Aragón siempre se ha temido a las brujas que han abundado en tiempos pasados, pero que todavía se daban hasta tiempos muy recientes o al menos así lo creía la gente.
En mis trabajos de campo (si puedo llamarlo así), he detectado la existencia de 218 brujas en lo que va del siglo XX, bastantes de las cuales viven todavía. La gente sigue creyendo en ellas, aunque cada vez menos. No dudan en decirme el nombre y la casa a que pertenecen aunque con el ruego, muchas veces, de que no lo divulgue, pues, en muchos casos viven parientes próximos.
 En Aragón los Tribunales condenaron a muchos más hombres que mujeres, pero no es cierto que se dieran más bruxones que bruxas. La tónica universal es la misma. Como ya hemos dicho, en todos los sitios se han dado muchas más mujeres que hombres que ejercitasen la brujería.
El número de brujones ha sido muy inferior al de brujas, aunque Aragón es una de las zonas en que más hombres dedicados a la brujería se han dado. Y siempre se ha temido más al brujón que a la bruja por considerar que tiene más poder y que siempre ha sido como el jefe de sus colegas femeninas.
 
Mi abuela hablaba con frecuencia del Herrero de Fornillos, que murió a principios de siglo XX y al que se temía en toda la provincia de Huesca, por los poderes tan grandes que poseía, tanto para el bien como para el mal.
En casa P. de Santa Lecina, tal vez la más fuerte del pueblo -se contaba- tenían un par de yeguas y dallando con una traílla, se les cortaron los tendones. Las llevaron al veterinario de Alcolea que les dijo que ya las podían tirar al muladar. Alguien les insinuó que fueran a Fornillos de IIche a llamar a un curandero. Era el herrero, que bajó al día siguiente a Santa Lecina.
Todo el pueblo estaba en la cuadra mirando cómo lo hacía. El tomó las patas de las yeguas y les hizo unas cruces con el dedo mientras parecía rezar en secreto una oración.
Les aseguró que al cabo de veinte días las yeguas podrían ir a trabajar. Todos se le reían; no podía ser. Pero a los días que él les dijo, las caballerías ya estaban trabajando.
La gente le tenía miedo y por Navidad todos los de la comarca de Barbastro le llevaban regalos.
Al gaitero de Santolaria, que lo llamaron a las fiestas de Fornillos no le dejaba tocar. Soplaba, y nada. Y de repente empezó a tocar más que nunca.
En una boda que no le invitaron, todo les salió mal. No podían ni hacer la comida, porque las perolas bailaban, el fuego se apagaba, las salsas se cortaban... Cayeron en la cuenta de la causa de los males y le llevaron un obsequio al herrero. Y entonces, ya todo salió bien.
Dicen que el brujón era jefe de todas las brujas y ellas le temían y le obedecían.
Y no vayáis a pensar que ése fue el único bruxón. No. Había otros muchos, como el sastre de Nocito, Trifolio de Villanova y qué sé yo cuantos más.
Hablaremos de ellos…


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